Por qué tomamos menos agua en invierno y cómo revertirlo
Cuando bajan las temperaturas, el cuerpo parece no pedir agua. La sed casi desaparece, el vaso queda en la mesada y, sin darnos cuenta, llegamos al final del día sin haber tomado casi nada. Pero acá está el problema: la hidratación en invierno es igual de importante que en verano, aunque el cuerpo no lo señale con la misma urgencia.
Este fenómeno es muy común y tiene explicación fisiológica. Entender por qué pasa es el primer paso para corregirlo. En este artículo te contamos las causas, las consecuencias de ignorarlas y algunos hábitos concretos para mantenerte bien hidratado durante los meses fríos.
¿Por qué sentimos menos sed en invierno?
La sed es una señal que el cerebro activa cuando detecta que el cuerpo necesita líquido. En climas cálidos, esa señal llega rápido y con fuerza. En invierno, el mecanismo se vuelve menos sensible: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las bajas temperaturas reducen la percepción de la sed hasta en un 40%, lo que no significa que el cuerpo necesite menos agua, sino que la señal de alerta llega tarde o directamente no llega.
Además, en invierno sudamos menos de forma visible, pero seguimos perdiendo líquido a través de la respiración (ese vapor que se ve en el aire frío), la orina y el funcionamiento normal de los órganos. La pérdida existe aunque no la notemos.
El rol de la calefacción
Los ambientes calefaccionados resecan el aire y aceleran la pérdida de humedad corporal. Pasar muchas horas en una oficina o en casa con calefacción encendida puede deshidratar tanto como una caminata bajo el sol de enero. Es un factor que solemos subestimar.

¿Qué consecuencias tiene la deshidratación en los meses fríos?
La deshidratación leve pero sostenida afecta la concentración, genera fatiga, puede provocar dolores de cabeza y complica el funcionamiento del sistema inmune, justo en la época del año en que más lo necesitamos. Según el Código Alimentario Argentino, el agua potable es un nutriente esencial y su consumo adecuado impacta directamente en la salud general.
En niños y adultos mayores el riesgo es mayor, ya que su mecanismo de sed es aún menos preciso. En esos casos, esperar a tener sed para tomar agua ya es esperar demasiado.
Hábitos concretos para tomar más agua en invierno
La clave está en no depender de la sed y construir rutinas que incorporen el consumo de líquidos de forma natural durante el día.
- Empezá el día con un vaso de agua antes del café o el desayuno. Es un hábito simple que marca el tono para el resto de la jornada.
- Aprovechá las infusiones calientes. El té, la sopa, el caldo y el mate cuentan como ingesta de líquidos. En invierno son aliados naturales de la hidratación.
- Poné recordatorios. Una alarma cada dos horas o una botella visible sobre el escritorio son disparadores visuales que funcionan muy bien cuando la sed no aparece sola.
- Hidratate antes, durante y después de hacer ejercicio, incluso si el frío hace que no sientas necesidad.
- Revisá el color de la orina. Un amarillo claro indica buena hidratación; un amarillo oscuro es señal de que hay que tomar más líquido.
La calidad del agua que tomás también importa
Tomar más agua en invierno es importante, pero tomar agua pura es lo que realmente marca la diferencia. El agua IVESS cumple con las Normas IVESS de calidad, que superan los requisitos del Código Alimentario Argentino, y está certificada por ANMAT. Eso significa que cada vaso que tomás en tu casa u oficina tiene respaldo técnico y sanitario real.
Si te interesa saber más sobre el consumo de agua en argentina y los estándares que rigen la calidad del agua envasada, podés consultar la normativa vigente del Código Alimentario Argentino, Capítulo XII.